jueves, 19 de agosto de 2010

PABLO ALVARADO BARRERA

Por la excepcional y documental biografía política El primer paso y fuga a la muerte: la historia de Pablo Alvarado Barrera (2008), del sociólogo y acucioso investigador Alejandro Padilla, me interesó buscar fotos del oscuro asesinato del maestro rural y guerrillero originario de Chihuahua, al lado de dos asesinos y el primer jefe de celadores (ahora se les denomina custodios) del penal de Lecumberri, en un oscuro, contradictorio y poco creíble intento de fuga (semanas antes, el 18 de agosto, David Kaplan y Carlos Antonio Contreras Castro habían abandonado la penitenciaría de Santa Marta Acatitla espectacularmente a través de un helicóptero, gracias a la complicidad autoridades).

El domingo 5 de diciembre de 1971, durante el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, Eduardo Téllez Vargas (el célebre
, popular y reconocido Güero Téllez) y Ángel Gómez Granados, reporteros de El Universal, informaban, en su nota publicada en primera plana y destacada por un cintillo, de la "tremenda balacera" ocurrida después de las once de la noche en el estrecho cuarto del jefe de cocina de Lecumberri, de 4 por 4 metros donde había un refrigerador y otros enseres, durante una presunta "fuga" donde hubo cuatro muertos y dos heridos: el general Francisco J. Arcaute Franco, director de Lecumberri, y el reo Juan López Mejía, de "suma gravedad".

Los muertos son: el comandante de la 1a. compañía de Celadores, Ricardo Vital Hernández y los delincuentes Pablo Alvarado Barrera, y los hermanos Sigfrido y Medardo Peña Anaya.
Alvarado Barrera estaba siendo procesado por los delitos de asociación delictuosa, incitación a la rebelión, asalto, robo y otros, en tanto que los hermanos Peña Anaya son los que habían asesinado a un pagador de la secretaría de Hacienda para robarle el dinero que llevaba.

Más adelante los reporteros apuntaron la forma en que quedaron los cadáveres:

sentado en un rincón Medardo Peña Anaya; a la izquierda de él boca abajo su hermano Sigfrido y sobre éste Pablo Alvarado Barrera, en tanto que el comandante Vital Hernández quedó liberado, semisentado, sobre los pies de Sigfrido.

Los lectores de El Universal tuvieron que esperar al siguiente día, lunes 6 de diciembre, para conocer
el impresionante close-up al rostro del comandante Ricardo Vital, con descomunal cuchillo encajado en su oreja derecha, y la fotografía de la cocina. Ninguna de las dos fotos impresas traen crédito.
En un mail le pregunto a Alejandro Padilla si Pablo Alvarado Barrera es el de suéter estilo Chiconcuac. Me responde que pudo ser de "Chiconcuac o de Guadalupe Yanqüitlalpan, mejor conocido como 'Gualupita' tierra deproductores rebozos, y de ese tipo de suéter".
En un correo de ayer, Padilla me comenta que después de leer los dictámenes de criminalística, forenses y de balística, tuvo una hipótesis que no plasmó en el libro, sobre lo que ocurrió esa noche de diciembre:

primero los reos del fuero común victimaron al custodio, quien estaba por hacer denuncias ante los medios de la corrupción imperante en Lecumberri; después mataron a Pablo y finalmente las autoridades junto Juan López -el único preso que quedó vivo-, eliminaron a los dos hermanos; las pruebas de parafina que les hicieron a los reos incluido Pablo Alvarado resultaron positivas, es decir, hicieron disparos.


Si así ocurrieron los hechos, los asesinatos debieron de ocurrir en otros lugares porque se advierte que los cuerpos fueron apilados ("apiñados" escribió el redactor de El Universal) en ese cuarto.


También me comenta Padilla que Juan López en realidad nunca estuvo “herido de gravedad”, ya que “fue el único preso del fuero común que ‘se salvó’”. López había sido agente de la policía Judicial de la ciudad de México, que después de la noche del ‘intento de fuga’ recibió atenciones médicas para tranquilizarlo de las alteraciones emocionales que vivió, “pero no en esos acontecimientos, no recibió ningún rasguño”. Después lo trasladaron al penal de Santa Marta Acatitla, luego al de las Islas Marías y “después nada se supo de él”.

Los interesados en adquirir El primer paso y fuga a la muerte lo pueden conseguir en la librería del Archivo General de la Nación y en la del Museo de la ciudad de México (avenida Pino Suárez esquina República de El Salvador). Pueden escribir al autor al siguiente correo: apani53@hotmail.com

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